El Yoga es una tradición milenaria que ha sobrevivido durante tanto tiempo porque ofrece un sistema de ejercicios cuyos efectos son apreciables desde el primer día de práctica.
El Yoga describe pasos concretos que pueden ser realizados por todos nosotros y que son útiles para mejorar cualquier situación en la que no nos encontremos bien.

Las posturas (asanas) que practicamos son deliberadamente sencillas. Esto es lo que les distingue de la mayoría de las complicadas posturas clásicas, que solo pueden ser dominadas tras muchos años de práctica. Sin embargo, detrás de las posturas y ejericios mas fáciles se esconden dimensiones más complejas.
En el yoga, la forma exterior es de menor importancia. Solo constituye el marco, porque las posturas no se practican por estética, ya que sólo son el medio que conducen a un fin concreto. Las Asanas clásicas fueron concebidas para ocuparse de aspectos concretos de nuestro cuerpo (como la digestión), y de nuestra alma (por ejemplo la interiorización) o de nuestro espíritu (agudeza).
Las asanas sirven para hacer posible estas experiencias interiores. Puesto que se trata de experiencias y sentimientos interiores, comenzaremos por lo más sencillo y practicaremos durante un tiempo hasta que hayamos integrado el principio.
Cuanto más sencilla sea la postura mejor nos podremos concentrar en nosotros mismos y mejor aprenderemos a reconocer como está estructurado nuestro cuerpo. Reconoceremos si nos va bien o si nos es perjudicial. Aquello que te resulte más fácil y sencillo, aquello que te divierta, será posiblemente lo mejor para ti.